Fitness

Mis orígenes están en el agua

De pequeña hice natación muchos años, incluso me llegaron a proponer pasar al equipo de competición; era rápida, sobretodo de espaldas. Me sorprendió cuando me lo dijeron, porque por aquel entonces me daba pánico saltar de cabeza y no tenía mucha capacidad pulmonar. Así que seguí yendo con el grupo del colegio, yo lo hacía porque disfrutaba y no quería que se convirtiera en un sacrificio diario. Admiro muchísimo a los nadadores que se levantan para entrenar a las 6 y se acaban el último entreno a las 12 de la noche. En mi familia hemos sido bastantes los que nos hemos metido en el agua, incluso tengo primos que han ganado competiciones en Catalunya y España. Les admiro profundamente, se esfuerzan muchísimo.

No matemos los sueños de los niños que éramos

Al final la natación acabó, empecé la ESO y lo dejé. Hasta entonces mi estado físico era muy bueno. He sido siempre un culo inquieto, me ha gustado dibujar y hacer mis manualidades, pero no me gustaba eso de quedarme sin hacer nada todo el día. Pero el seguir con los estudios, hizo que me alejase del deporte. Con los cambios hormonales propios de la pubertad, mi cuerpo cambió muchísimo. No digo que estuviera mal, pero no estaba fuerte o atlética que es como me gusta estar; lo que yo considero estar sano.

Dejar el deporte de lado no es la mejor opción; tampoco considero que hacer deporte sea salir a correr 1 vez en semana. La actividad física es esencial, tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente. La clave es integrarlo en nuestra rutina y disfrutar con ello. Cuando empecé la universidad -ya estaba empezando con el mundo veggie-, me metí en la cabeza que de alguna manera tenía que volver a mi vida activa. Aunque con los estudios, sobretodo en 2º, me era muy difícil poder compaginarlo -por no decir imposible-. Fue el verano de 2º a 3º de carrera que me apunté al gimnasio por primera vez. Hasta entonces salía a correr y hacía ejercicios en casa, pero ai en invierno… Para ser 100% transparente: cuando me apunté no las tenía todas, lo hice porque mi pareja me motivó -yo no me veía en eso de ir al “gym” y ser un musculitos (cosa que no he sido nunca)-. Pero oye, fíjate tú, le cogí tanto el gustillo a esto de entrenar que he acabado compitiendo en triatlones, entrenando 6 días a la semana y subiendo posts de fitness en el blog. Quien me lo iba a decir.

El deporte es tan esencial en mi vida como respirar

Ahora no podría vivir sin ir a entrenar, como mínimo, 3 días en semana. Lo necesito como el aire que respiro. Si eres de los que hace deporte, entenderás a que me refiero. Esa sensación de estar contigo mismo y ser feliz solo por el echo de salir a correr, ir a nadar o quedar con tu grupito de gente y echarle ganas. También existen momentos que nos llenan, como correr 1km más de lo que habías planeado, nadar a gas aunque te duela todo el cuerpo del día anterior, o salir en tu bici y aguantar lo que no está escrito en esa rampa que parece cada vez más larga, o hacer entrenos de fuerza aún sin ganas. Pero si, al final de todo tienes la satisfacción de implicarte.

Si conoces a un triatleta, llámale loco… es un halago

Tal vez me he dejado llevar un poco con esto del espíritu triatleta. Pero es real. Y sí, somos masocas. Tenemos esa mentalidad extraña que nos dice “si no duele, no sirve”. Algo parecido a lo que te decía tu abuela cuando te caías en el parque; “si duele es que cura”.

Aprende, aprende, aprende

Quien te diga que hacer deporte solo sirve para tener el cuerpo activo, te está mintiendo o no sabe de lo que habla. Si eres de los que se implica en sus entrenos cada semana, puede que te des cuenta que el deporte ha hecho más cosas por ti de las que imaginas.

  • Implicación. ¿Qué es eso de escaquearse? No importa si el clima no acompaña, si ha sido el peor día de trabajo de tu vida, el entreno no te lo saltas jamás.
  • Sacrificio. Levantarse pronto o ir a dormir tarde, ir sin ganas o sin fuerzas. Sabes de sobra que todo eso da igual, al final la recompensa es grande.
  • Motivación. Solo o con tu equipo, el niño que llevas dentro te grita cada día para que te muevas y des lo mejor de tí.
  • Organización. ¿Qué día salgo a correr? ¿Y natación? Ostras la bici no está a punto para la salidital del domingo… Todas esas cosas nos pasan, tenemos una agenda que programar cada semana.
  • Memoria. Te han enseñado ya no sé cuantas técnicas, ejercicios y estiramientos y tu los memorizas como si te fuera la vida.
  • Buen rollito. Sin lugar a dudas las endocrinas están ahí. Y no es por presumir, pero mi equipo es de los que más cargan las pilas. Mental y físicamente es un chute de energía vital.
  • Puedes más de lo que imaginas. Puedes pasarte toda tu vida creyendo que eres incapaz de algo, que si no lo pruebas lo serás siempre. El deporte te enseña: querer es poder.